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sábado, 2 de enero de 2010

EL GRAN CIENTIFICO

Contamos con un avance tecnológico que se queda obsoleto en comparación con la gran maravilla tecnológica que es la "VIDA".

En nuestro mapa genético se encuentra toda la información sobre cualquier invento fabricado por el hombre.Desde una cámara fotográfica hasta un avión.

¿Quien diseño la vida?¿Quien fue nuestro arquitecto?¿con que fin nos pusieron aquí, en este planeta?


Rabí Itzjak Dijo: Una vez pasó un viajero por un castillo en llamas y se preguntó: “¿Es posible que este castillo no tenga un mayordomo?”. Recién en ese momento se le presentó el dueño del castillo y le dijo: “Yo soy el amo del castillo”. Así también nuestro patriarca Abraham preguntó: “¿Acaso alguien puede decir que este mundo no tiene arquitecto y supervisor?”,

recién entonces el Santo Bendito Sea, se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dueño del mundo”
Bereshit Rabbá 39:1

La compleja estructura del mundo ha asombrado al hombre por milenios y los avances tecnológicos no han hecho nada para calmar ese asombro. De hecho, durante este siglo, gracias a la tecnología, los investigadores han revelado aspectos en la estructura del universo que hacen parecer a las observaciones de los últimos dos mil años prácticamente insignificantes.
Consideremos, por ejemplo, el descubrimiento de James Watson y Francis Crick en el año 1953 sobre la función y estructura del Ácido Desoxírribo Nucleico (ADN), una cadena de elementos químicos que se encuentran en cada célula humana. Watson y Crick comprobaron que el ADN contiene un plano perfecto de cada detalle físico del cuerpo: huellas digitales de los dedos de las manos y de los pies, piel, cabello, color de ojos, forma y tamaño del corazón.
Absolutamente todo.

El ADN puede ser comparado con la memoria de una computadora digital. Cada bit de memoria representa un cero o un uno. Así, una computadora puede almacenar imágenes completas, traduciéndolas a códigos de millones de ceros y unos. Asimismo, los peldaños de la hélice del ADN pueden ser sólo de dos clases, del tipo A (adenina + timina) o del tipo B (Citosina y Guanina), de esta forma toda la cadena puede almacenar una foto comprensible, tridimensional del cuerpo traduciendo esa foto a un código de tres millones de peldaños tipo A y B. Sin embargo el ADN no es como una computadora en cuanto a su eficacia en el almacenamiento. Si guardáramos electrónicamente el mapa completo contenido en una sola cadena de ADN, tomaría trillones de bytes de computadora. En cambio el ADN comprime toda esa información en una minúscula molécula con forma de doble hélice equipada con el equivalente de ni más ni menos que 375 millones de bytes*1.
El ADN lleva a cabo esta hazaña almacenando mensajes en casillas.

Muchos eslabones en la escalera participan en varios mensajes superpuestos simultáneamente. El Dr. Michael Denton, un microbiólogo australiano, explica este fenómeno comparando el código genético al código Morse: “una secuencia de símbolos en el código Morse puede contener información para dos palabras y ser leído de dos formas distintas” 1 destaca Dentón, ilustrándolo con este ejemplo:

Letra Código Morse

A •-
I ••
M – -
N – •
Mensajes Cruzados:

M A N A
- – • – - • • – • • •
M I N I

Esta línea del código Morse, con sólo suficientes puntos como para codificar alrededor de cinco letras, puede hacerlo con ocho cuando los mensajes se superponen. En teoría, un código podría ser encasillado docenas o centenas de veces en la profundidad del mensaje. Sin embargo los programadores de computadoras todavía no han podido inventar un método que lleve a cabo la tarea con tanta intensidad.
Fantásticamente, esto es lo que hace el ADN, almacena en una serie de sólo unos pocos billones de eslabones el diseño de partes del cuerpo formado por trillones y trillones de células. Según las palabras de Denton:

“La capacidad del ADN para almacenar información supera bastamente la de cualquier otro sistema conocido; es tan eficiente que toda la información necesaria para especificar un organismo tan complejo como el hombre, pesa menos que unas miles de millonésimas de gramo. La información necesaria para especificar el diseño de todas las especies de organismos que han existido en el planeta podría ser contenido en una cucharita de té y todavía habría lugar para la información de todos los libros que hayan sido escritos”.

¿Cómo sabe el cuerpo dónde empezar a leer el código de ADN para, por ejemplo, formar una nariz? ¿Cómo evita leer accidentalmente el mensaje incorrecto y poner nuestra oreja o codo donde debería ir la nariz? El código de ADN comienza con una tabla de contenidos, por así llamarlo.
Uno de los primeros mensajes codificados de la cadena le dice al cuerpo dónde fijarse en la cadena para encontrar los demás mensajes. La cadena de ADN también contiene una descripción codificada de ella misma. Cada vez que el cuerpo construye una nueva célula, la célula madre se fija en sí misma, lee su propio plano y produce una copia exacta de sí misma para la nueva célula.

Lo maravilloso del diseño del mundo no se termina con el ADN.
Cada parte del cuerpo codificada en la cadena de ADN manifiesta una estructura sofisticada. Nuestro ojo, por ejemplo, cuenta con siete millones de sensores de color llamados conos que nos dan una imagen detallada en un enorme espectro de condiciones luminosas.
Cuando hay insuficiente luz para una visión a color exacta, los conos se desactivan y unos 120 millones de sensores de blanco y negro ultrasensibles llamados bastones se activan. Otra computadora en nuestro nervio óptico acepta las señales de estos 127 millones de sensores, los decodifica en señales más compactas, y las envía a unos cientos de miles de fibras nerviosas que se dirigen al cerebro a una velocidad de un billón de impulsos por segundo y mientras todo esto sucede: la pupila monitorea y mantiene la iluminación a un nivel consistente dentro del ojo; un sistema de enfoque ajusta “las lentes” para lograr una imagen más clara mientras un sofisticado sistema de mejoramiento de imagen clarifica diminutas manchas en la visión causadas por el movimiento del cuerpo o la oscuridad.

Además de las dos unidades de video montadas en nuestra cabeza, estamos equipados con aparatos igualmente complejos para detectar y analizar sonidos, gustos y olores. Virtualmente cada centímetro cuadrado de nuestro cuerpo está atestado con sensores de presión y temperatura, y detectores de balance montados a ambos lados del cráneo que constantemente nos reportan nuestra orientación en la superficie de la tierra.
Nuestro sistema inmune detecta y responde instantáneamente a intrusos virales y bacteriales. Nuestros sistemas respiratorio y circulatorio mantienen el perfecto balance oxigeno – dióxido de carbono a través de todo el cuerpo.

El sistema digestivo remueve y almacena proteínas, carbohidratos y grasas de las comidas, separando y excretando elementos que el cuerpo no puede usar.
Un perfecto sistema de “bola en hueco” permite a nuestros huesos un movimiento fluido; tendones, ligamentos y piel atan nuestras extremidades sin comprometer su flexibilidad; los músculos mueven todo el sistema esquelético, respondiendo con igual precisión al más bajo o intenso mensaje nervioso, mientras tanto, en todo momento, el cerebro y su red de trabajo compuesto por más de un millón de billones de conexiones nerviosas, alcanzan a supervisar todas estas operaciones y muchas otras.
El hombre nunca ha tenido éxito en construir una computadora que pudiera competir con el almacenamiento de información del ADN y su capacidad reproductiva. Tampoco ha construido cámaras de televisión que imiten el nivel de brillo del ojo humano, flexibilidad focal y habilidades de procesamiento de imágenes. Tampoco todavía ha juntado una red de comunicaciones con tantas conexiones específicas como un solo cerebro humano*2. El cuerpo humano minimiza en complejidad cualquier objeto que el hombre haya diseñado jamás.

Hasta ahora sólo nos hemos concentrado en el orden obvio de los seres humanos. No hemos todavía mencionado los diseños inmensamente sofisticados existentes en plantas, peces, aves y otros animales. Es suficiente decir que el plano necesario para diseñar un árbol, un tiburón, un colibrí, un escorpión o un gorila, eclipsaría los planos del avión de guerra más sofisticado de los EE.UU.
Tampoco hemos discutido aún el inmensamente sofisticado sistema físico de la tierra en sí, el sistema solar y otras galaxias.
Por ejemplo, si faltase carbono, hidrógeno, oxígeno o nitrógeno en nuestra atmósfera, o si contuviera los cuatro elementos pero en diferentes proporciones, la vida, como la conocemos nosotros, sería imposible. Si el promedio de temperatura en la tierra fuese diez grados mayor, las rocas de la superficie del suelo liberarían mayores niveles de CO2, estimulando así un efecto invernadero abrumador que evaporaría los océanos y destruiría todo tipo de vida. Por el contrario, si fuese diez grados menor, el congelamiento glaciar aumentaría en los polos elevando el porcentaje de calor solar reflejado al espacio y así provocaría una glaciación global.1 Otro ejemplo: si la tierra girase en una órbita apenas más cercana al sol, nuestro planeta se hubiera incinerado no mucho después de empezar a existir. Por el contrario si girase en una órbita un poco más alejada del sol, la tierra se habría congelado también hace mucho tiempo.

Consideremos: si la velocidad expansiva de la explosión inicial apenas un segundo después del Big Bang hubiese sido menor hasta por una parte en cien mil billones, el universo hubiera re colapsado antes de alcanzar su tamaño actual.*3 Finalmente, es redundante decir que nuestra supervivencia depende, aparentemente, de la increíble coincidencia que ninguno de los billones de meteoritos, planetas y estrellas volando en el universo choquen con la tierra.

Todavía no nos hemos fijado en las leyes físicas y químicas balanceadas con increíble precisión. Por ejemplo: cambios minúsculos en la fuerza electromagnética, o fuerzas nucleares Fuertes y Débiles, prevendrían la formación de elementos biológicamente esenciales como el carbono y el hidrógeno. Pequeñas alteraciones en la fuerza de gravedad prevendrían la formación de planetas y estrellas. La probabilidad de que todas estas fuerzas naturales converjan con el poder necesario como para sustentar un ambiente biótico al azar es infinitesimal, ni hablar de la probabilidad de que estas fuerzas mantengan su perfecto alineamiento cada instante de los últimos casi seis mil años.
Cuanto más mira uno el universo, más orden y precisión encuentra.
Todo ese orden y precisión genera una pregunta: ¿Quién o qué lo diseñó todo?

*1Cada uno de los tres billones de eslabones de ADN de doble hélice es capaz de guardar un solo código binario, así como el 0 o el 1 guardado en un bit de una computadora. Siendo que hay ocho bits en un byte, los tres billones de eslabones corresponden a 375 millones de bytes (375 gb) del almacenamiento de una computadora.

*2 Denton apunta que: “También si solo un centésimo del cerebro fuese organizado específicamente,todavía representaría un sistema contenido en un número mucho mayor de conexiones especificas que toda la red de comunicaciones del mundo entero” (Pág. 330-331)

*3Lawrence M. Krauss, de la Universidad de Yale comparó las probabilidades de que el universo se expandiera al promedio correcto a que alguien adivine con exactitud cuántos átomos hay en el sol.(Scientific American. Octubre de 1990 Pág. 78)

Lawrence Kelemen