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domingo, 16 de noviembre de 2008

la polaridad


El mundo no cambia, son los hombres los que, progresivamente, asumen distintos estratos y aspectos del mundo. Sabiduría, plenitud y toma de conciencia significan: poder reconocer y contemplar todo lo que es en su forma verdadera. Para asumir y reconocer el orden, el observador debe estar en orden. La ilusión del cambio se produce merced a la polaridad que convierte lo simultáneo en sucesivo y unitario en dual. Por ello, las filosofías orientales llaman al mundo de la polaridad «ilusión» o «maja» (engaño) y exigen al individuo que busca el conocimiento y la liberación que, en primer lugar, vea en este mundo de las formas una ilusión y comprenda que en realidad no existe. La polaridad impide la unidad en la simultaneidad; pero el tiempo restablece automáticamente la unidad, ya que cada polo es compensado al ser sucedido por el polo opuesto. Llamamos a esta ley principio complementario.
Cuando se aprende a no dejarse distraer por la mutación de las formas, se puede prescindir del tiempo, tanto en el ámbito histórico como en la biografía personal y entonces se ve que todos los hechos que el tiempo diversifica se plasman en un solo modelo. El tiempo convierte lo que es, en procesos y sucesos —si suprimimos el tiempo, vuelve a hacerse visible el fondo que estaba detrás de las formas y que se ha plasmado en ellas.
En todas nuestras consideraciones, debemos aprender a ver simultáneamente el polo opuesto. Nuestra mirada interior tiene que oscilar constantemente, para que podamos salir de la unilateralidad y adquirir la visión de conjunto. Aunque no es fácil describir con palabras esta visión oscilante y polar, existen en filosofía textos que expresan estos principios. Laotsé, que por su concisión no ha sido superado, dice en el segundo verso del Tao–Te–King:
El que dice: hermoso

está creando: feo.

El que dice: bien

está creando: mal.

Resistir determina: no resistir,

confuso determina: simple,

alto determina: bajo,

ruidoso determina: silencioso,

determinado determina: indeterminado,

ahora determina: otrora.

Así pues, el sabio

actúa sin acción,

dice sin hablar.

Lleva en sí todas las cosas

en busca de la unidad.

Él produce, pero no posee, perfecciona la vida pero no reclama reconocimiento y porque nada reclama nunca sufre pérdida.



La Enfermedad como Camino
THORWALD DETHLEFSEN y RÜDIGER DAHLKE