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miércoles, 10 de diciembre de 2008

estados oprimidos



Durante siglos no hubo conflicto alguno en la tierra de Palestina. A pesar de estar poblada con un 80% de musulmanes, 15% de cristianos y un 5% de judíos, estos grupos vivían en armonía. Pero en los últimos años del siglo XIX, un grupo minoritario de judíos extremistas decidieron colonizar la tierra. Los “Sionistas” pensaron en lugares en África y Sudamérica para finalmente establecerse en Palestina. Al principio esta inmigración no causó problema hasta que el alto número de sionistas con el deseo de crear un estado judío alarmó a la población indígena produciendose las primeras escaramuzas violentas entre ambos grupos.
En 1947 la ONU intervino. Sin embargo, en vez de adherirse al principio democrático de la autodeterminación de los pueblos para crear su propio estado y sistema de gobierno, eligió la estrategia medieval en la que un poder exterior divide arbitrariamente una tierra que no es la suya. Bajo la presión de los poderosos sionistas estadounidenses, la ONU da un 55% de Palestina para crear un estado judío a pesar de que este grupo apenas representaba un 30% de la población total y poseía un 7% de la tierra.
Un año más tarde estalló la inevitable guerra con fuerzas desiguales. El ejército sionista compuesto por más de 90.000 soldados entrenados en Europa y un moderno armamento se deshizo de los 30.000 árabes pésimamente equipados. A finales de 1948 el estado judío ya se autodenominó “Israel” y poseía un 78% de Palestina. Esto llevó a más de 750.000 palestinos refugiados, más de 400 ciudades destruídas y todo vestigio de cultura palestina erradicado. De hecho, durante décadas, Israel y los EE.UU. negaron la existencia de palestinos.
En 1967 Israel conquistó aún más tierra tras la “Guerra de los Seis Días”. Un éxito total tras el ataque sorpresa a Egipto conquistando la península del Sinaí y y la ocupación del resto de Palestina, esto es, la franja de Gaza y Cisjordania. Las tierras egipcias fueron devueltas pero las conquistadas a Siria permanecen bajo ocupación.
Israel recibe más ayuda estadounidense que la dada a los países sub-saharianos, latinoamericanos y del Caribe juntos. Fortalecida por ese dinero, Israel rompe innumerables leyes internacionales y convenciones ocupando tierra que no le pertenece. Impone una nación étnicamente discriminatoria en una tierra previamente multicultural, con una doctrina de supremacía de un grupo sobre el resto en ámbitos políticos, financieros y militares. Su política ha sido condenada por la ONU, UE, Amnistía Internacional y la Cruz Roja Internacional entre otros muchos. Algunas asociaciones judías y personas trabajan duro a favor de los derechos humanos, justicia e igualdad en un intento de vivir en una nación justa con iguales derechos para todos sus ciudadanos. Estos rehuyen el servir militarmente en la ocupación de Gaza y Cisjordania e intentan evitar la demolición de hogares palestinos.
El pueblo palestino se defendió con la Intifada surgida en 1986, niños y jóvenes palestinos armados de piedras contra el poderoso ejército judío, una guerra desigual. En 1993, tras los acuerdos de paz de Oslo, se puso fin a la “primera Intifada” pero tristemente las esperanzas de tranquilidad se esfumaron cuando Israel dobló su expansión en Gaza y Cisjordania. Bajo esta humillación, en el 2000 renació la “segunda Intifada”. Israel trató de acabar con ella con políticas militares como la de “romper los huesos” en la que a los jóvenes apresados se les procedía a romper codos u otros huesos de los brazos. En el primer día de funcionamiento un hospital de Gaza atendió más de 200 fracturas. Cuando el general Ariel Sharon, conocido por las arbitrarias matanzas de civiles palestinos, visitó acompañado de más de mil militares la ciudad santa de Jerusalén, fue recibido a pedradas por la juventud palestina. El ejercito israelí contestó abriendo fuego y matando a cinco palestinos el primer día y diez el segundo.